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viernes, 19 de febrero de 2016

DISTINTAS FORMAS DE MIRAR EL AGUA, de J. Llamazares.





Con esta breve introducción comenzamos hoy, viernes 19 de febrero de 2016, nuestra tertulia, que, por circunstancias, habíamos aplazado desde el pasado miércoles.
Nuevamente nos encontramos con un libro que ha dividido los pareceres de los que formamos este grupo y es así que se hace más evidente que hay "distintas formas de ver el agua" o cualquier realidad.
El libro ha decepcionado a algunos que no se han enganchado a la historia, bien porque tanta tristeza les aburría, bien porque el lenguaje les pareció demasiado soso o bien porque han visto formas mejores de narrar el desarraigo.
A otros, en cambio, el libro nos ha gustado, aunque coincidimos en que no llega al nivel de otra novela de este autor que ya comentamos en nuestra tertulia, La lluvia amarilla. Tal vez los puntos de vista de los personajes de la novela sean demasiado coincidentes y se echa de menos algún personaje realmente rompedor. Hay demasiada homogeneidad en esas distintas formas de ver el agua, quizá porque en el sentir de la gente rural de Castilla-León también la haya. Posiblemente sobren personajes y quede algo floja esa idea (lo más prodigioso de esta novela) que era reflejar una realidad desde diferentes perspectivas.
La mayoría siente que no hay una reivindicación política con esta novela, porque la literatura no siempre ha de tener un fondo político y social sino que ha de ser el reflejo de unos sentimientos diversos, humanos, diferentes y válidos todos ellos. El mismo autor nos cuenta que ha intentado ponerle voz a esas personas que son los siempre olvidados en todas las grandes historias, pero el autor nos habla del desarraigo como de algo que a veces es inevitable, porque es el precio que a veces hay que pagar si queremos una sociedad de progreso.
Desde el punto de vista de la forma, subrayamos la recuperación de una forma de escribir realista, sencilla, correcta gramaticalmente y en la que el magistral uso del paréntesis consigue darle este matiz narrativo en que un pensamiento se integra en otro tejiendo así la maraña de todo proceso mental. 
La novela tiene un tinte teatral. Imaginamos un escenario con unos personajes que comparten un duelo y como cada uno inicia un monólogo interior que comparte con el público.
Es sobre todo una novela sobre el desarraigo y ese apego a la tierra que es a veces tan intenso que marca la vida de varias generaciones, aun cuando algunas ni siquiera han conocido el lugar en el que sus ancestros dejaron raices. Y con un carácter circular, el libro culmina con el monólogo de un personaje que es clave en la historia y que eleva el nivel de la novela, si en algún momento llega a perderlo: Agustín. Un personaje fundamental en el que se concentra toda la filosofía del autor y el sentido de la felicidad que subyace en ella, porque la felicidad no está en ningún lugar concreto, porque añorar otro lugar, otras posesiones, otra vida, no es sino alejarnos del camino adecuado. Y porque la felicidad no se identifica con la tierra sino con el agua, porque el agua es universal, está en todas partes y a todas partes llega. El agua es la Ítaca que toda alma busca y que es tan difícil hallar.



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